Mi Blog / Relatos y Ensayos

<< Que no os importe soñar a lo grande… ¿Acaso perdéis algo por intentarlo? Aquí comenzamos nuestro viaje, nuestro recorrido, un camino sin nada que perder >>.  Joaquín Calvo


30/06/2017   – Todos los derechos reservados Copyright/JCWordpress (Para el uso del siguiente texto póngase en contacto con su autor)

Una aventura fascinante

Quiero contarte la aventura más fascinante que jamás has escuchado. Leerte escenas de luchas y grandes batallas, dragones, magos e ilusiones que se hacen realidad. La verdad es que no voy a contarte nada de eso porque la magia muere cuando uno va envejeciendo, los dragones se vuelven de piedra y las grandes batallas son lo único que perdura en este cuento. Voy a hablarte de mi vida, de mis sueños y del amor que mis seres queridos alimentan día a día aun bajo el yugo de un mundo complicado. Cuando apenas podía llegar a medir un metro diez levantando los talones, empecé a descubrir los miedos que se manifestaban en mis pesadillas y eran el único foco de mi preocupación entonces. Permanecía envuelto de bella ignorancia y el mundo me daba una tregua sin hacer presencia, sin mostrar su existencia. Solo me importaba aquello que mi mano podía alcanzar y lo que mi mirada podía adivinar; todo era demasiado intenso y mis emociones, como un torbellino alborotado de jazmines, tapaban muchas de las verdaderas necesidades que a mi alrededor habían. A lo largo de los años fui aprendiendo que el miedo no era más que una herramienta contra la felicidad y debía vencerlo si pretendía encontrar un camino seguro antes de que la selva se abriera ante mí de repente y los árboles emergieran de la tierra tan rápido como mis ojos pudieran pestañear. La magia no iba a acompañarme siempre y tampoco las pesadillas, al menos aquellas donde los payasos diabólicos o los monstruos del armario hacían estragos sobre mí. Ya entrado en la adolescencia imaginé muchos destinos y ahora la magia se insinuaba a través de creencias y expectativas de grandiosidad y éxito. Vivía atento al mundo en un rechazo que ya no me convertía en alguien ajeno al sufrimiento del exterior, sino en un espectador de lo que iba mostrándose con mayor claridad ante mí. El verbo deber tomó una importancia tal que las pesadillas volvieron pero en esta ocasión estando despierto. Ya no había tiempo de imaginar, observar o creer; era momento de actuar, de tomar la decisión que me convertiría en adulto.

Con el tiempo he aprendido que rechazar al mundo por miedo no hacía que los monstruos desaparecieran, he comprendido que la obligación es un pesado designio que nunca satisface y que su contrario, al que ahora me debo, es mi verdadera línea de vida en la que camino con paso firme hacia el futuro que me he construido. Siempre acompañado de quienes más amo.

Autor: Joaquín Calvo


04/05/2017   – Todos los derechos reservados Copyright/JCWordpress (Para el uso del siguiente texto póngase en contacto con su autor)

Lugar extraño

Ciego e impasible, así observo mi hado con la paciencia de un depredador a punto de lanzarse sobre su presa. Todo es calma, silencio, paz; un conjunto de cosas que conforman mi consciencia más profunda. La fuerza de la naturaleza atrae todos sus cuerpos en uno solo y yo siento esa pertenencia a la tierra, al aire, al sol. Dentro de mi pequeño escondite escapo de la ciudad dorada para contemplar la riqueza. ¿Cuántas veces habré sentido miedo del porvenir? ¿En cuántas ocasiones habré dibujado un sendero incierto hacia mi felicidad? Es importante aprender a diferenciar la realidad de la imaginación o acabas por quedar atrapado en un mundo sintético de emociones distorsionadas, qué hay más importante que la verdad del presente. Ante ello no queda otra cosa que seguir contemplando el infinito de todo lo que soy.

Estoy cubierto de carne, blanda y caliente, y si toco con cierta presión siento una estructura ósea dando forma a mi cuerpo. Este soy yo. Ahora entro en mi mente y descubro lo que soy, abro la puerta y dejo que salgan mis prejuicios, moralidades, costumbres y significados. En el interior de una habitación blanca se mantiene la única piedra del camino: el sentido de mi vida. Desaparece el ego y aparece la apertura a un mundo del que siento formar parte, del que todo es vinculante y cada movimiento mío transforma las moléculas del aire que me envuelve. ¿Y si esta realidad ya no es presente?

Autor: Joaquín Calvo


17/04/2017   – Todos los derechos reservados Copyright/JCWordpress (Para el uso del siguiente texto póngase en contacto con su autor)

En un mar de estrellas

Una noche, de las de luna baja y estrellas eclipsadas por la negrura de los montes, Grinia lanzó el que sería su último hechizo. Usó la túnica para cubrir el suelo gélido y húmedo que yacía cual cuerpo frente al río y, desnudando sus senos y el torso por completo, sumergió el pie en el agua observando atenta como si esperara que fuera a suceder algo fantástico. Al instante apareció alrededor de ella un banco de peces rosados e iluminaron la pálida piel de sus piernas. Entró a más profundidad y el río la hizo cautiva de sus deseos, convirtiéndola en la ninfa del bosque que estaba destinada a ser.

Román despertó súbitamente de la cama de hojas en la que dormía tan plácidamente, recordó que su hermana le había hablado en sueños y le había dicho que se reuniera con ella en el arroyadero que hay junto al río. Subió a su caballo y con el relinche de éste galopó a toda prisa entre los árboles que iba encontrándose por el camino. Al llegar vio a Grinia ya convertida en fresno, colocó la mano sobre el tronco y cerró los ojos.

– Vuelve a mí, hermana mía. – Dijo al tiempo que una lágrima caía por su tez.

Aquel pedido no fue en vano, pues Grinia volvió a adoptar su forma humana. Desnuda y con el pelo caído sobre los hombros, salió del interior del árbol y apenas pudo dar un abrazo a su hermano que expiró su último aliento de vida sobre él. Román suplicó al río que la reviviera, pidió perdón por haber pedido su vuelta sin considerar que ella ya no pertenecía a este mundo. Fue tal el dolor que sintió por haber sido egoísta e impulsivo que, pensando en su propio castigo, acabó con su vida a los ojos de las estrellas que lo miraban a través del agua clara. El puñal ensangrentado rodó hasta impactar contra las rocas que emergían del caudal del río y se partió en dos pedazos; el joven imprudente murió al cabo de un rato, cuando casi toda su sangre salió del estómago tintando la hierba de rojo. Sobre ambos cuerpos el río formó una inmensa roca que los uniría para siempre en el frívolo amor de la dependencia, cual piedra gris depende de la tierra para ser hermosa y admirada.

Autor: Joaquín Calvo


11/04/2017   – Todos los derechos reservados Copyright/JCWordpress (Para el uso del siguiente texto póngase en contacto con su autor)

Créeme

Cuando piso el aire lo hago con fuerza, con afán de dejar huella. Créeme que si no dejaría de hacerlo, no merecería la pena intentarlo tan concienzudamente; al fin y al cabo, lo único que me importa es rescatar mi último aliento. Cuando tuve otra oportunidad de pisar fuerte tenía alrededor de quince años, era un joven inexperto en todos los sentidos en que puedas imaginar. Me adelanté hacia el tórrido camino de la montaña y dejé que mi cuerpo fuera vencido por la gravedad. El viento hizo el ademán de recogerme pero yo ya había pisado fuerte, muy fuerte, y estaba dispuesto a poner a prueba todo lo que siempre había protegido. Caí cual piedra rodando colina abajo, magullándome brazos y piernas, rodando con mi cuerpo hasta convertirlo en una masa polvorienta y ensangrentada. Mi madre salió corriendo de la cocina al oír los perros ladrar, yo ya yacía sobre la tierra seca de aquel último verano que pasaría allí. Cuando sus manos se posaron sobre mi pecho, respiré una profunda bocanada de aire y me levanté ya libre de la gravedad. Había logrado pisar fuerte. Ahora el aire obedecía mis movimientos.

Autor: Joaquín Calvo

 

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